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16.12.09

Palimpsesto

Desde el pavor de una noche sin luz
desde la expiación y la espiación de anomías
y suicidios ajenos, desde el caos
y la ebriedad de las malas vidas y los buenos vinos
desde el escepticismo amargo
cocido a fuego lento en el amor y el desamor
desde la ironía aprendida en la trinchera peleona
de todos los diablos urbanos,

el rey de la chorrada me condujo hasta aquí
moliendo sal con las manos.
En la molienda veía al fondo la penumbra
y en la penumbra, la luz [una lengua sin fonemas
cuya sintáxis fue mi manicomio secreto]
esa luz perturbadora de la hora búho
cegadora
donde se pierde el nombre, se olvida el verbo
y hasta la identidad se pierde
sombría identidad de un corazón que conoce
flor de loto quemada
asfixiada
mustia,

el rey de la chorrada me condujo hasta aquí
[no he sabido hallar
otra manera
o suerte de artilugio, heterónimo o conato de bautizo
para nombrar a Luxfero
Eósforo
el portador de la luz, el hijo rebelde de Dios]
el caído,
el más grande de todos los maestros,
literaliza la acción que congela el paraíso
la convierte en verbo
volatiliza todo lo posible
hace probable todo lo que bulle en el reino de la imaginación.
El que nos mata y nos vuelve a hacer
que renace de sus propias cenizas en forma de creación,
de droga de fluído de fruta de sombra
de asesinato de parto de reto de aleph
de universo,
fue él quien me condujo hasta aquí.

[con una salvedad]

Él [no he sabido hallar
otra manera
o suerte de artilugio, heterónimo o conato de bautizo
para El que se da parto a si mismo
y muere en cada ciclo y en cada nube
y vuelve a darse parto y en cada guerra
vuelve a darse muerte,
cómo llamarle al Enamorado, al Infinito
al desterrado por su propia iglesia
al aterrador Yahvé
al incontestable Alláh
al delicado Brahama
al Único]
el resplandeciente,
que desde el júbilo de una mañana radiante
y la lucidez del renacimiento
desde la inspiración
cocida a fuego lento en un flamígero crisol de pájaros
al calor de anónimos redentores urbanos,

Él me condujo hasta aquí
moliendo sal con Sus manos.
En la molienda veía al fondo la penumbra
y en la penumbra, la luz [una lengua sin fonemas
cuya sintaxis fue mi manicomio secreto]
esa luz de la alborada
donde se pierde el nombre, se olvida el verbo
y hasta la identidad se pierde
sombría identidad de un corazón que conoce
flor de loto recobrada
convaleciente,
Él
Deux Javhé Alláh Achamán
Ahura Mazda Anu Elohim Teotl Brahama
el Vacío,
aliento de los cuatro elementos
literaliza la acción que congela los infiernos
los convierte en verbo
haciendo posible la alquimia celeste de Shiva
y la memoria
que el rey de la chorrada se ha jugado a los dados
que Luxfero se ha jugado a los hombres
siendo en su rango ilusorio, no un siervo
sino El Opositor.

Muy lejos del tiempo
y donde nada transcurre, nada
transcurre
con la aparente tranquilidad de una cinta mecánica,
Dios se harta de reir.