31.8.08

Mediterráneo


El cielo era una gran boca oscura llena de estrellas cayendo sobre un mar para los tuertos. Y yo estaba ahí, apoyada en la rambla de escayola, intentando ser vidente: ¿dónde terminaría uno y acabaría el otro?¿Sabrán nadar las estrellas?
Cuando ví que el Escorpión brillaba en toda su grandeza, con Antares en su flor de loto, supe que era buena señal. Así que me lancé a la playa. Once de la noche, y de lejos, pareciera que el chiringuito estuviera en llamas.
Pero no: son candelas clavadas en la arena. Docenas de candelas brincando entre cortinas de seda, esterillas, y la cítara de Nikhil Banerjee sonando en el equipo mientras la gente se bebe una copa tumbada en cojines de esparto. ¿Nikhil Banerjee?¿A quién se le habrá ocurrido Nikhil Banerjee justo esta noche? Sincronicidad.
Me quito las chanclas y me sumerjo en la arena. Tengo la saludable sensación de estar haciendo una travesura, con eso de permitir que el mar me lama los pies como una mascota. Con eso de que las estrellas se pronuncien en mi nombre aunque yo sepa tan poco sobre ellas, y ellas tanto sobre mí. Y deben saber, porque hacía mucho tiempo que no me sentía así de pequeña. Ni tan inmensa.

Mediterráneo, agosto de 2008

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Prueba fehaciente de que, aquello de lo que hablábamos, te ha sentado MUY bien. Enhorabuena.
Un saludo
JOSE LUIS

Fata Morgana dijo...

jjajajajaja Jose, no, en realidad esto sucedió antes.
Pero igual me sentó bien.
Otros saludo

Vandalia dijo...

A veces pasan estas cosas y es como si, de repente, formáramos parte de algo muy grande.

Precioso post.

Mil besos.

Fata Morgana dijo...

Sí, son momentos que te recuerdan lo valioso que puede ser hasta el más pequeño de lo más pequeño .)