19.4.10

La Monte Young

Me siguen pareciendo fascinantes los músicos, y artistas en general, que allá por los 70, y amparados a la sombra de un más debilitado Urano, se atrevían a explorar en formas y sonidos con los que  empezaba a quedar claro que el arte no era únicamente un fin en si mismo, sino un medio para alcanzar estados de conciencia singulares. Ellos darían pie al nacimiento de nuevas investigaciones en el campo de la influencia del color y el sonido sobre los centros energéticos. La música reconocida como algo más que un enterteiment para el oyente, sino en dialéctica con él. La música como herramienta modificante de la percepción, como acicate para la imaginación, como agente de una hipnosis capaz de ponerle en otra frecuencia, y desde ella, alcanzar un diálogo no-verbal entre sujeto/objeto, que tras haberla escuchado no quedará como llegó. La música, en fin, como bocatto di cardilale tanto para hombres como ángeles.
En otra ocasión subí a este blog A Rainbow in the curver air, de Terry Riley (con vídeo de 2001, Odisea) autor también de In C, y colaborador de John Cage, el que ponía los pelos de punta con su música silenciosa. En lo personal, me gusta escuchar Rainbow muy seguido. Siento su agudísima vibración en el 7mo.chakra y me resulta sanador y revitalizador. En ésta os dejo algo de La Monte Young, a quien tendreis que tenerle paciencia. Al menos a mí, no me defrauda.

18.4.10

Desde el centro de la Tierra

Baja por el Snefellsyocul
que la sombra del Scartaris acaricia
en las calendas de julio
y llegarás, viajero audaz
al centro de la Tierra,
como yo lo hice.

-Arne Saknussemm
Viaje al centro de la tierra, Julio Verne.

Esta humanidad lleva ya demasiado tiempo tocándose los cojones entre si, y no satisfecha con eso, le toca los cojones al planeta. Esta humanidad lleva ya varios siglos instalada en la razón, pero ¿la razón de qué? La razón que afirma que todo aquello que no puede ser probado, no existe. A ello le dimos un nombre: ciencia ficción. Nuestra arrogante especie recibe ahora su merecido, y el planeta nos demuestra que la ciencia ficción no sólo es posible sin tecnología, sino que no es ninguna ficción. Bien por él. Nos lo merecemos.
Las predicciones de locos y pitonisos eran todas ciertas. El que ríe último, ríe mejor.


Ni Julio Verne lo hubiera imaginado tan bien...
O quizá sí.

12.4.10

¿Cómo estás?

Hace poco le escribí un e-mail a una amiga que vive en Almería, alguien de quien llevaba tiempo sin saber nada. Me sorprendía su silencio, ya que suele responder a todos mis mensajes, entonces supuse que estaría pasándole algo, o que quizá no anduviera bien. Su respuesta, además de alegrarme, invitaba a la reflexión. Al final de un largo e-mail ponía: Gracias por darme un toque. Eso es que también te importo. Fijaos qué detalle. He sonreído al leer esto, pensando en las veces en que yo misma me corto a la hora de llamar a un amigo, o de enviarle un e-mail, por temor a caer de agobiante a pesada.
Hemos llegado a un punto de auto-(in)suficiencia tal, que preferimos el Facebook a la llamada parlante y carnal de toda la vida (nunca tan carnal como el encuentro, pero así estamos) y nuestros círculos amenazan con reducirse hasta el extremo de empezar a sentirnos solos aún dentro del círculo propio. La información verbal se vuelve cada día más escueta, y aunque nadie o muy pocos lo declaren, llevamos ya largo tiempo instalados en la ética de la comunicación banal, la cual determina que se recorte la información, quedando recortadas, por supuesto, las emociones. Pocos te preguntan ¿cómo estás?, o en su variante de mayor riesgo ¿estás bien?, porque supondría la implicación emocional del interlocutor, que como sabemos, siempre o casi siempre… ha de estar bien.
Hoy, justamente, me lo preguntó una amiga por teléfono: Fata, ¿estás bien?, y me dejó de una pieza. Había hecho una pregunta antediluviana: ¿estás bien? ¿Cuántas veces os lo preguntan a diario? Y si no es diario: ¿habeis hecho ya un balance de cuántas veces os lo preguntan al mes, o al año, y quiénes? Las frases retóricas, del tipo (en España): Hola, ¿qué hay?, o en Argentina: Hola, ¿cómo estás?, poseen una carga semántica nula. A esa pregunta retórica que me hizo el padre de una amiga que vive en mi urbanización, yo respondí una vez con la carga semántica lógica: Gracias, hoy estoy muy feliz. El tipo se quedó de una pieza. No esperaba una respuesta tan sincera. Si me hubiera sentido fatal, mi respuesta hubiera sido igualmente honesta. Y no porque sea más o menos honesta que nadie, es porque empiezo a estar plenamente consciente de que hay demasiada gente teorizando sobre las deficiencias en la comunicación, dejando que ello se convierta en carne de congreso. Lo cual ya es mucho decir: si algo se convierte en carne de congreso, se prefiere que continúe tal cual.
Y aquí llegamos al meollo, que es lo que a mí me interesa. Cuando llegué aquí yo era una de esas tías, digamos… que van siempre de buena fe. Un poco basta, por qué no decirlo, de provincia adentro, ingenua, educadita, y para colmo, perteneciente a esa vieja, viejísima generación donde los niños, siendo bien niños, salían a bailar en la puerta con los hijos de los vecinos en Nochevieja. Soy de la generación (sé que muchos lo recordais) de los hijos que veían a sus padres prestar dinero al vecino, en susurros, a sabiendas de que la palabra dada era ley. Hoy día, ¿cómo haces para dar tu palabra si no sabes lo que puede suceder mañana? Un mañana que, al menos para los hijos de vecino, puede resultar un fiasco: la empresa no te pagó y tienes que postergar el compromiso. También es posible que la empresa haya quebrado, y que ya no puedas cumplir con el plazo acordado. Desde ese mismo momento, la pregunta ¿cómo estás?, empieza a ser una pregunta retórica.
Y esto es sólo una metáfora. Porque yo quiero retomar el asunto del congreso. Gente analizando las deficiencias de la comunicación debido a la influencia de los medios. Perros que se persiguen la cola, sin alcanzar a mordérsela jamás, en la búsqueda de una respuesta que, a mi entender, es tristemente simple: los medios nos han servido para protegernos de nuestras propias emociones, del deseo que no se realiza –mejor es que no se realice, que nunca llegue a realizarse, ya que podría comprometer todo nuestro bagaje vital-, de los sentimientos que nunca llegarán a manifestarse al ciento por ciento, porque las palabras, cuando no se quiere admitir su naturaleza fraudulenta, acaban por poseernos y convencernos de que nuestra intención siempre ha sido honesta. Ante semejante ruptura con el quit de emociones que traemos incorporado por herencia, apelaremos a la conveniencia y siempre podremos objetar que la responsabilidad (por no decir culpa) es del interlocutor. A partir del momento en que piensas que quiero utilizarte, lo siento pero… ya no me interesas.
Ésa es la gran mentira vital, y es ahí donde el interés por el humano se reduce a una escueta pregunta retórica a la que se supone debes responder con un guay. Es, también, donde se supone que la verdad no alcanzará nunca a trascender los límites del verbo, lo cual podría mover a risa, por ejemplo, a cualquier indivíduo que alguna vez haya probado una planta maestra. O a cualquier meditante de grado avanzado. Ellos saben bien que habiendo perdido el Minotauro (la palabra) su rango mítico, terminará asumiéndose como medio y no como fin, y que en esa instancia de servidumbre ya no podrá ser un fraude, sino la pura verdad remontada al rango de verbo como elemento servil, no sólo constructor, sino intérprete de una realidad mayor.
Sé que hay mucha, mucha gente que sin haber probado jamás un enteógeno o haber sido un meditante se sabe esta lección al pie de la letra. Y si no se la sabe, por lo menos la intuye y algún día -si hay suerte- acabará por conquistarla. La vida es un fantástico y terrible juego de obstáculos que hay que ir salvando, y uno no puede residir por siempre en el territorio de la comodidad, la obsecuencia o la pereza.
Gracias, pues, Elena, por tu enorme sabiduría. Claro que me importas, cielo… y además quiero importarte, ¿no es maravilloso?

22.3.10

Anahata Yam

Anahata es el nombre sánscrito del cuarto chakra, que como ya sabeis se sitúa a la altura del corazón físico, y que es el centro meta-físico del corazón emocional. Sirve de puente entre los chakras inferiores y los superiores y es la residencia del amor incondicional. Consta de 12 pétalos y es de color verde. Su sonido es yam. Os dejo este vídeo-rescue para que podais disfrutar de su lenguaje musical.

28.2.10

Pandemia

En esta sociedad hay serios problemas de comunicación, se dice.

Considero que la franqueza es siempre más piadosa que la indiferencia. La indiferencia, en cambio, es peor que el odio, el rencor o el resentimiento, es inclusive peor que la soledad o la muerte. Es la nada, porque la indiferencia, para poder ser, tiene que deshacerse antes de la conciencia.
¿Duro?
Y cuidado, que es además contagiosa. Como se trata de una enfermedad perfectamente integrada, y hasta subvencionada por los gobiernos, la pandemia no da muestras de remitir. Al contrario: crece. No hay vacunas contra esta enfermedad, excepto el amor. Y la bondad. Valores que la llamada posmodernidad se ha ocupado de confinar a los sótanos de la inconsciencia.
Alternativa 1:
¿alguien me dice cómo hago para adquirir la enfermedad, tendría que hacer cola en algún ministerio?
Alternativa 2:
si por razones que no vienen a cuento no pudiera contraerla de ninguna manera, ¿alguien me dice cuál sería la alternativa 3?
Hoy mismo estoy en stand by. No actúo: contemplo.
Contemplo la doble dimensión de la terrible belleza de la vida, lo cual me hace inmune a la indiferencia, en cualquiera de sus formas. Y aunque en cierta manera esto sea un privilegio, como ya habreis notado no es algo que me haga especialmente feliz.
Llegado el momento, haré sonar mi trompeta
(o una flauta).

27.2.10

El desierto



El desierto infinito,
las montañas altas y afiladas
araron mis deseos...

En las paredes de mi habitación asolada
se transparentan los espacios de mi desierto interior.

Como una bailarina enloquecida y descalza
hago crecer en el calvero
la fruta salvaje
del espíritu.


Traducción: Carlos Morales

13.2.10

Hipatia de Alejandría, la fábula



Unos pocos días más en este mundo,
y cada cual retornará a su origen;
la gota de sangre al corazón profundo,
el agua al río y el río al océano inmenso;
y la gota de rocío que cae del cielo ascenderá al cielo de nuevo,
liberándose del polvo que la lastraba,
deshelada la escarcha que la encadenaba a la hierba y a la tierra.
Y así, cada vez más alto, por entre lunas, estrellas y soles,
por entre los dioses y los padres de los dioses,
cada vez más pura a través de vidas sucesivas,
hasta que entre en la Unidad Absoluta y encuentre, por fin, su hogar.

-Hipatia de Alejandría

Singular el caso de Hipatia, que durante siglos ha sido señalada por muchos como "atea". Ahora mismo no me apetece entrar en el complejo entramado que ha llevado a identificar ateismo con agnosticismo, que lo he visto por ahí a propósito de la película de Amenábar, pero sí que me apetecía poner este escrito. A sabiendas de que siempre le traería algún destello de iluminación, Hipatia se ofrendó a la duda. Hipatia, hija adoptiva de la posibilidad como causa y origen de todos los fractales y patrona de las incertidumbres. Que ésa era su manera de creer. La más pura, quizá, y también, por qué no, la más austera.
Amenábar la reduce a una fábula. Lástima.
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Nota: vaya mi agradecimiento para Ludovico por el texto de Hipatia, cuya fuente ha sido Withall N. Perry, "A Treasury of Traditional Wisdom", Quinta Essentia, Cambridge (UK), 1991, págs. 728-729.

7.2.10

Conciencia I



Lo que viene a continuación es de cosecha propia, y me gustaría que se tomara como una impresión, desde luego subjetiva, de mi periplo personal en lo que atañe a plantas maestras y demás “verduras”.
Sucede que desde hace un tiempo –dos años, quizá más- vengo asistiendo a un auto-renacimiento bastante curioso, diría que inquietante, que por obra de la contingencia y con el auxilio de una saludable desesperación, me han llevado a experiencias vitales que podrían describirse como radicales.
Durante mi itinerario de viaje –un largo viaje lleno de sombras e iluminaciones prácticamente sin testigos-, he dejado que muchos me definieran desde su propia perspectiva vital, que me amaran o me incomprendieran, que me incordiaran o me ensalzaran, e inclusive, a veces, que intentaran banalizar mis experiencias por puro desconocimiento. Más o menos como nos pasa a todos.
Sin embargo, como estoy flamante en lo que a búsqueda y captura del ego se refiere, el asunto de la banalización de la experiencia visionaria me supera. Me refiero a su banalización social. Creo que empieza a ser hora no sólo de difundir la utilidad de los enteógenos como poderosa medicina holística, sino de intentar su integración en el marco de lo que percibo como una contracultura floreciente. Contracultura, sí. Una contracultura en la que incluyo a todas las prácticas y tendencias que, como los enteógenos, pretenden hallar nuevas vías y nuevos catalizadores para el desarrollo de la conciencia.
Habría, antes, que aclarar qué es lo que entiendo por conciencia, porque lo que entendía hasta hace un tiempo y durante toda esa debacle de marchas y contramarchas se parecía bien poco a lo que entiendo hoy. Hablar de conciencia en términos partidistas me resulta tan gratuito como inútil; funcionará en un contexto político, pero no es ése al que me quiero referir. Sin embargo, parece normal que a veces, cuando hablamos de conciencia, haya quienes se apunten al discurso ideológico y/o religioso como si fuera el único posible. Pues no. Quisiera dejar claro, además, que mi postura no es temporal, ni forma parte de un proceso, ni se debe al efecto de unos “plantas mágicas”, hongos psicoactivos o tripis religiosos de dudoso origen y más que dudoso destino, sino de una postura definitiva y una elección de vida que empezó mucho antes de las plantas. De no ser así, estoy convencida de que nunca hubieran llegado hasta mí, o hubieran pasado sin pena ni gloria como otra experiencia más. Las plantas no te dan nada que ya no tengas.
Ciertamente, tomar plantas maestras es una cosa bien rara. Me lo han dicho a bocajarro, y siempre he admitido que tienen razón. Al fin y al cabo, tomar awayaska no es como tomarse una coca-cola. Y no porque la coca-cola sea menos una droga que la ayawaska, sino porque los enteógenos requieren de un contexto ritualizado. Si bien es verdad que, de alguna manera, todos los son, admitamos que en el caso del enteógeno los fines están claramente acotados, y se plantea –o al menos, yo me la planteo- una ética de la conciencia. Básicamente, y para empezar, se trataría de admitir la perogrullada de que todos somos artífices de nuestro propio destino. Hasta aquí todo bien. ¿Quién lo pone en duda? Nadie es más responsable de su vida que el propio indivíduo, eso justificaría a pleno la renuncia a implicarnos en asuntos que pertenecen al ámbito privado, reforzando la ética del individualismo. Sencillo, ¿verdad? Sin embargo, el axioma es tendencioso y, como todo lo que pertenece al dominio del lenguaje, manipulable a nuestro antojo. Si todos somos artífices de nuestro propio destino, y componemos una sociedad de miles de millones, puede concluirse que todos-estamos-conectados.
No obstante, vivimos en reductos separados unos de otros desde lo que habitualmente llamamos conciencia, esa parcela de espacio donde la otredad se distingue claramente de la individualidad, donde creemos que está bien clara la frontera entre sobriedad y ebriedad, y donde esa misma conciencia, creadora de un sistema igualmente consciente y supuestamente protector, funcionará como dique regulador frente a la amenaza de lo irracional.
Pero, ¿qué pasaría si ese dique se rompiera? Y lo que es todavía más amenazador: ¿qué pasaría si, pudiendo acceder al terreno de lo que llamamos “irracional” –lo inconsciente- consiguiéramos romper con ciertas estructuras basadas en creencias, descubriendo al cabo del viaje, y ya sobrios, que pueden ser tanto o más ficticias que las propias visiones?¿Que pasaría si durante esas visiones nuestra mente se ampliara, se vaciara, inflándose hasta alcanzar las dimensiones de una catedral, siendo capaz de observarse a si misma, no ya en la instancia de la simple alucinación psiquedélica, sino con actitud crítica e integradora de todo lo que hay en y fuera de ella? Dice el maestro zen Seung Sahn: Cuando estás pensando, tu mente, mi mente, y las mentes de todas las personas son distintas. Si cortas todo pensamiento, tu mente, mi mente y las mentes de todas las personas son lo mismo. La mente que corta todo pensamiento es la verdadera mente vacía.
Siempre que alguien me pregunta sobre la ayawaska con expresión grave, intento leer en el fondo de sus ojos y me pregunto si esa persona será de las que temen perder el control. Porque si lo es, tarde o temprano la ayawaska hará que lo pierda, inevitablemente. El miedo a perder el control es el monstruo, perder el control en si nunca resulta ser lo que imaginas. Y eso es, entre otras cosas, lo que para mí tiene de fascinante el viaje psiquedélico. Que nunca resulta ser lo que uno espera, no puede predecirse, no tienes control sobre él. No hay un solo lugar sobre la tierra que sea más fascinante que lo que hay dentro de la mente. Verla por dentro, comprender cómo funciona, rendirnos humilde y voluntariamente al reto que supone descorrer el velo que nos separa del inconsciente, puede parecerse, metafóricamente hablando, al acto de saltar al vacío. Pero, ¿qué persona en su sano juicio querría arriesgarse a saltar al vacío? Lo diré más claramente: ¿quién, creyendo a pie juntillas en la realidad científicamente probada, querría someterse a la posibilidad de experimentar otras realidades capaces de quitarle poder a eso que parece estar fuera de toda discusión?
Más allá de nuestra particular postura frente a la visiones, lo que está fuera de discusión es que el viaje psiquedélico suele traer como corolario una pérdida de tensión ante la realidad consensuada, una reducción de la angustia. Cualquier práctica capaz de modificar la conciencia deja esa sensación de alivio, donde el afuera conocido pierde poder frente a la certeza de que, siendo la realidad un constructo mental, el retorno a la sobriedad nos devuelve lúcidos –que no es lo mismo que estar sobrios- y con una nueva percepción frente ese mismo constructo. Habiendo testimoniado las múltiples caras del poliedro, las creencias se cuestionan o se derrumban, y nuestra imagen del mundo, su paradigma, se amplía. Se somete, como menos, a escrutinio, esa cosmovisión del mundo al que hemos dado poder más allá de toda posible responsabilidad –el afuera siempre es culpa del otro, ¿os habeis dado cuenta?- y el foco cambia de ángulo, volviéndose justamente hacia el único generador tanto de la grandeza como de la gran tragedia humana: nosotros.
De ahí la paradoja, y de ahí que haya tanta gente empeñada en demonizar o banalizar a las substancias visionarias. Y las prácticas para el desarrollo de la conciencia, que no se trata de una marca a la moda, sino de algo bien serio. Se trataría, más bien, de una contra-cultura al margen de las guerras intestinas dentro de ese constructo ya harto conocido, de una postura verdaderamente radical que rompe, en voluntad conciente, con el discurso deliberadamente consensuado de víctimas y victimarios. Se trataría, en última instancia, de una contra-cultura que se yergue sobre las ruinas y los humores ya rancios de una guerra que nunca ha existido más allá de nosotros.
Sin embargo, ¿qué sería de nosotros sin esa guerra?

4.2.10

RAB//.arte....................................... nuevo blog

Os comento que he inaugurado mi nuevo blog de arte, donde podreis disfrutar, si os apetece, de unas 60 imágenes de mi autoría, cuya calidad fotográfica espero poder mejorar en un futuro. La estructura del blog ha sido diseñada para que pueda visionarse como una página web -con sus limitaciones, dada la naturaleza de este formato- así que espero que no os vayais a perder :D Invitados estais...



31.1.10

Piedra filosofal



Me has mostrado, una vez más, el sinsentido de la búsqueda del objeto fuera de mí misma. El espejismo que encierra la necesidad, a todas luces legítima en el aquí y al otro lado de mí, de hacer justicia a la víctima,

oh, hacer justicia… :D

Me has mostrado que la única forma de salvación posible es la com-pasión, máxima forma de inteligencia donde la imagen y el espejo se encuentran, la bestia y el ángel se reflejan –el uno en el otro, qué estúpida arrogancia haberme declarado in extremis,
de espaldas al sitio donde yace la creación. Que soy yo. Únicamente yo.
Únicamente tú y yo.
Me has mostrado…
lo peligrosa que eres para quienes detentan el poder, e inclusive para sus detractores -bestia y ángel que se reflejan el uno en el otro. El guión ya ha sido escrito, borrado y vuelto a escribir una y mil veces. Un palimpsesto negado hasta la exasperación para que tenga sentido el cuento de nunca acabar. El guión. Mi guión. Nuestro guión. Un guión planetario.

Me has mostrado tu rostro de serpiente que es bestia y ángel
y es mi rostro el que se refleja en tu espejo, ayawaska
faz vegetal y pétrea, ojos fieros, boca sin dientes devoradora de sombras
toda iluminada.
¿Quién eres tú para juzgar?, me dices; ¡quién y a quién, si aquí no hay nadie más que tú! Y te ríes.

[sacad conclusiones]
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Vaya mi agradecimiento para los organizadores de nuestro festival inter-nacional de plantas maestras :D Aunque me lo permitían, por ahora he preferido no hacer públicos sus nombres. Se merecen, eso sí, un aplauso por la labor que realizan, sin beneficio económico y sin otro interés que no sea el de abrir conciencias y romper nudos ya más que transnochados en este amanecer de los tiempos, haciéndolo con todo el cuidado, el mimo y el soslayamiento del ego -cosa ya de por si difícil- que se le puede poner a un evento de esta envergadura. Y en un mundo empeñado en empañarnos la visión. Para mí un honor haber sido invitada, y está de más decir que mientras pueda, volveré.
Gracias amigos. Gracias, Madre.
Ahó!

27.1.10

Entrevista a Fabien Mamen

Después del silencio, lo que más se acerca a expresar lo inexpresable es la música.
Aldoux Huxley


Aunque escuchamos todo el día canciones enlatadas y la música es omnipresente en el mundo actual, la mayoría de nosotros no nos podemos ni imaginar el gran poder del sonido sobre la materia y sobre nuestra vida.
Esta entrevista a Fabien Maman, músico profesional y acupuntor, nos habla de vibración y campo de energía, de armónicos, de diapasones curativos, música según las estaciones del año, de instrumentos y órganos del cuerpo, … y nos abre la puerta a un mundo fascinante que en próximos posts irá desvelando uno de nuestros dos compañeros músicos, Karolus.
Del Sr. Mann y del físico-budista Allan Wallace también he aprendido la importancia de la formación ecléctica, de abrir la mente a nuevos conocimientos (aunque la sociedad los ridiculice por no comprenderlos) y de fusionar sabiduría de distintas culturas y épocas.
Ojalá, poco a poco, la Buena Música sane con sus ondas nuestro mundo.

Usted tenía un quinteto…
¡Qué época! Actuamos en el Carnegie Hall, la Filarmónica de Berlín, el Olympia de París, la Ópera de Tokio… Fue precisamente por un incidente en Japón como descubrí la acupuntura.
¿Qué pasó?
El avión llegó con mucho retraso, faltaban pocas horas para salir a escena y todos los músicos estaban agotados. Se me ocurrió buscar un acupuntor para que nos tratara.
¿Y?
Me cambió la vida. En 20 minutos estábamos todos en forma e hicimos un concierto extraordinario, así que decidí aprender acupuntura para tratar a mis músicos. Creía que con un cursillo de un mes el tema estaba listo, pero invertí media vida.
Es estupendo entusiasmarse.
Lo es. Yo me entusiasmé tanto que tras siete años de estudio con Boris de Bardo, fundador del College of Naturopathy and Acupunture, y una vez licenciado en acupuntura, en 1978, me fui a seguir estudiando con Sensei Nakazono, el maestro que dio a conocer en Occidente la ciencia del sonido puro. Diez años más tarde fundé la Academia del Sonido, Color y Movimiento.
¿Qué enseña?Enseño e investigo el poder de la música en el cuerpo. El diapasón es una herramienta muy efectiva en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades.
¿Cómo actúa?
Los diapasones actúan como las agujas de acupuntura. A través del punto de acupuntura las vibraciones llegan por el meridiano hasta el órgano, igual que la aguja, pero más rápido y con mucha más potencia.
¿Cuáles han sido sus investigaciones?
Aparte de 20 años de experiencia con pacientes, he realizado un trabajo de investigación con Hélène Grimal, bióloga del centro de investigación de la Universidad de Jussieu de París. Durante un año estuvimos estudiando el efecto del sonido en las células humanas. Hemos fotografiado los cambios celulares que se producen bajo la influencia del sonido, de todas las notas, formas musicales e instrumentos. Fíjese en esto.
¿Qué es?
Una serie de fotografías de células cancerígenas, las que afectan a la matriz. Al ser sometidas a disonancias se destruyen.
¿Todo es una cuestión de energía?
Sí, la vibración sonora crea un campo de energía. Pero no es algo nuevo o extraño. Los teléfonos móviles funcionan a base de campos de energía. Esos campos se crean a través de los satélites. En Francia mi teléfono funciona, pero cuando voy a Estados Unidos no lo hace a no ser que cambie de campo de energía, es decir, de satélite. Esos campos de energía son invisibles, son lo que llamamos la energía etérica.
Entonces, ¿la música nos transforma?
Sí, la vibración de la música entra dentro de ti y te transforma igual que lo hace el Sol. De hecho, la distancia entre la Tierra y cualquier planeta de esta u otra galaxia se mide en distancias armónicas.
¿…?
La distancia armónica se obtiene con un radar que capta la vibración sonora entre, por ejemplo, la Tierra y la Luna. Cuando hacemos música con instrumentos acústicos esta energía viva produce armónicos y esos armónicos comunican con todas las frecuencias y todo el universo
¿Los armónicos afectan a nuestra vida cotidiana?
Influyen sobre la materia, los vegetales, animales y minerales: sobre todo lo vivo. Con un microscopio es fácilmente visible: según la vibración que emites, las células cambian de forma y de color.
¿Mejor cuidar lo que escuchas?
Si escuchamos la música adecuada en el tono adecuado a las estaciones nos sentimos mucho más saludables psíquica y físicamente. Ahora, en primavera, le recomiendo la tonalidad de la; por ejemplo, el concierto de Mozart en La Mayor. En verano, do -Concierto para piano y orquesta en do de Beethoven-. Para otoño, sol; y para invierno, re.
¿Y los instrumentos?
En primavera, flauta de madera; en verano, cuerda; en otoño, metálicos… Si escucha el timbre adecuado y la tonalidad correcta en cada estación, verá como su vida se armoniza y tiene más energía. Cada instrumento conecta con un órgano del cuerpo.
¿Qué efecto tienen los tambores?
Están vinculados con los riñones, los refuerzan. Las cuerdas, violines y guitarras fortalecen el corazón. Todo lo que es metálico estimula los pulmones. Las flautas de madera son buenas para el hígado. Le propongo un sencillo experimento.
Usted dirá.
Vaya a un concierto, cierre los ojos y observe por ejemplo dónde siente los tambores, verá claramente que los siente en los riñones. Cuando oiga el chelo percibirá como el corazón se armoniza, y cuando oiga instrumentos metálicos o de viento observará que sus pulmones se ensanchan.
¿Y cuál es el efecto de la música enlatada?
Pierde el 50% de los armónicos, que son los que penetran y los que curan. Escuche música en vivo, cuanta más mejor, porque nutre. Y si escucha música en casa, evite los instrumentos eléctricos y los sintetizadores.
¿Hay música poco saludable?
La música electrónica o demasiado alta desorganiza el campo energético. Fíjese que los adolescentes cuando salen de las discotecas están pálidos y algo desorientados. Su campo magnético permanecerá alterado durante varias horas.

Fuente: El blog alternativo

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Todavía me recuerdo, hará unos quince años, quizá más, tratando de buscar información sobre la influencia de la música en el estado de ánimo, ante la certeza de que el lenguaje artístico más etéreo -y posiblemente más completo, según lo creía Bergson- mereciera algún tipo de estudio más profundo y más particular. Como de costumbre, fue la contracultura de los '60 la que convirtió en caldo de cultivo la investigación del sonido con el uso de sustancias en su sinergia como catalizadores de otra forma de percepción. Será por eso que no estoy tan de acuerdo con Maman (no he podido encontrar nada de él en la red, me cachis) en lo que respecta a los instrumentos electrónicos, que mi generación, a caballo entre el tecno de los '80 y los raves, mamó de cerca en todas sus variantes. La song que va a continuación es obra de un, sospecho, descendiente de eleusis, uno que según cuentan no sabe leer música, y puede que os traiga alguna reminiscencia. A mí me armoniza, no sé a vosotros.