19.10.08

Pequeña negligencia médica

Hace dos días amanecí con la cara hecha un pan de pueblo. Ya al despertar y sin haberme visto aún en el espejo, noté que tenía el maxilar derecho muy inflamado, y que la inflamación me llegaba casi hasta el ojo. Al mirarme en el espejo deduje que se trataría de la muela que perdió el empaste la semana pasada. El típico flemón de toda la vida. De esos que te hacen recordar a la más odiada de tus tías, la que tenía unos mofletes a lo Mr. Magoo. Ideal para lucir un sábado por la noche.
Cualquier persona en su sano juicio lo que haría es ir al médico a que le ponga un antibiótico y un antiinflamatorio para que baje la infección. Que es lo que yo hice. Y es aquí cuando comienza una odisea que trataré de narrar a grandes rasgos, porque no quiero desperdiciar mi tiempo y mi energía en ciertos profesionales a quienes tanta gente defiende como si se tratara de una cofradía de seres iluminados: los médicos.
El indivíduo de mi ambulatorio -un chaval muy joven sin ganas siquiera de coger el boli, recuérdese que estamos hablando del sábado por la tarde- le echó un vistazo a mi boca y me dijo que no se veía flemón, que lo único que podía ponerme era un Ibuprofeno de 600 con dieta blanda. Mucho más tranquila -el médico sabe- regresé a mi casa y me tomé el intiinflamatorio. Por la noche me fui a un concierto de tango, donde la criatura que tenía debajo de la mejilla derecha recrudeció. Poco pude disfrutar del concierto, y mucho menos de los vinos argentinos que ofrecían a la postre.
Hoy por la mañana desperté con la cara de pan de pueblo y una inflamación que me impedía una visión completa. Vuelta al ambulatorio, donde me atendió el mismo muchacho del día anterior, que sin mover ni una pestaña y sin mostrar la más mínima empatía por mi dolor o mi fiebre, empezó a apuntar algo en una planilla y me recomendó acudir al Hospital La Paz para que me hicieran una placa. En mi ambulatorio no tienen aparato de radiología, y según pude comprobar hace unos días mientras acompañaba a mi madre en una visita de rutina al médico, cuando una mujer mayor se desplomó con un síncope ante nuestras narices, tampoco disponen de desfibrilador.
Como no tengo coche, cogí el autobus y me comí los 45 minutos de viaje hasta el La Paz. En recepción me tomaron los datos y me derivaron a la sala 2; pero al llegar a la sala 2 me dijeron que no era allí, sino en otra parte de Urgencias. Es decir que la tía de administración que me tomó los datos no sólo no tenía ni idea de qué me pasaba -y esto a pesar de haber visto la orden del médico del ambulatorio-, sino que me derivó al sitio equivocado. Media hora perdida.
Llego al pabellón donde supuestamente me verá el médico especialista y me apunto nuevamente en recepción. Un mundo de gente y una energía de la hostia, seres humanos enfermos y de mala leche, un calor insoportable y las típicas paredes de hospital color pis. Pero no me atiende un especialista, sino uno que se hace llamar filtro. El tío apunta mis datos en plan funcionario, le echa un vistazo a mi boca y me dice que no vé necesario tomar una placa, que no cree que haya infección y que va a ponerme un ibuprofeno.
Yo me quedo de piedra. ¿Cómo que no me va a tomar una placa?
Es que en el Hospital no se ocupan de casos de odontología y además a él no le parece que yo necesite nada más que ibuprofeno. Le pregunto si es una broma, porque llevo 24 horas tomando ibuprofeno y la inflamación, en vez de ceder, crece. Él me responde que me quede tranquila, ya que el que sabe es él, porque él es el médico, y que por favor comprenda, no discuta, y deje pasar al que sigue porque detrás de mí hay otros 234 pacientes en espera. Eso sí, aconseja, que como él es el filtro, va a derivarme a otro colega que me verá y hará una valoración seguramente similar a la suya, donde por supuesto no me harán una placa. El tiempo de espera para ver a su colega es de cuatro horas.
Me voy del Hospital echando leches. La fiebre crece, el autobus que no llega. Otros 45 minutos de vuelta a casa pensando en las hierbas apropiadas para bajar la infección: ¿aceite de ruda, quizá? Mi abuela decía que eso iba bien. O no, mejor un enjuague de agua con sal cada dos horitas, y por supuesto leche, mucha leche, que eso es lo que me sobra ahora mismo. ¿Alguien conocerá una curandera?
Al llegar al pueblo me encuentro con dos amigas que merecen el capítulo del sainete. Carmen, Nieves… saludos. Las dos horrorizadas, que qué te ha pasado en la cara. Ya casi llorosa, les cuento mis desventuras entre algodones, médicos que parecen funcionarios y placas que se niegan, y ellas, muy majas las dos, se ofrecen acompañarme al ambulatorio porque aquí sola ni caso que te hacen, hija. Después pude comprobar que tienen toda la razón.
Vuelta al ambulatorio y vuelta a tocar el timbre en urgencias. Esta vez tardan en salir. Al tercer timbrazo sale una muchachita joven a la que le comento, casi bisbeando, que vengo a echar cuenta de lo que me sucedió en La Paz, y que preciso, urgentemente y sea como sea, que me pongan un antibiótico. Curiosamente, llevaba en la mano un libro titulado Al trasluz de la ayahuasca, una investigación realizada por cierto reputado antropólogo, que por esas cosas de mi tremenda informalidad e ingenuidad a flor de piel no me dio por meterlo en el bolso porque llevaba uno pequeño, y además nunca creí que a esta señorita le diera por echarle un vistazo enojoso y por demás desconfiado. Lo llevaba encima para leerlo mientras viajaba en el autobus.
Pasando del libro, de su actitud defensiva y del calor asfixiante que hacía en el consultorio, le dí detalles de mi peripecia con su colega del hospital. Y no tuve la mejor idea que soltarle la siguiente frase:
- Me pasé por allí pero el tío se negó a hacerme una placa.
Entre ceremoniosa y ofendida, ella va y me suelta:
- El médico.
Me pidió el informe y se lo dí. Cuando supieron que me había largado antes de ver al especialista, tanto ella como el auxiliar me riñeron. Entonces empecé a narrarles la forma en que me había tratado el esperpento que se hacía llamar a si mismo filtro, y la manera en que minimizó mi caso, asegurando que su colega -en ningún momento se me dijo que se tratara de un especialista, ya que los especialistas no pasan consulta los fines de semana- no iba a añadir nada más a su ya rimbombante diagnóstico.
Intuyo que no me creyó, y además volvió a reñirme, insistiendo en aquello de por qué me había marchado. Que en ese informe había una orden de ver a un ¿otorrino? Que obviamente me tenía que ver el especialista en máxilofacial (por cierto: ¿vosotros sabeis si un otorrino y un maxilofacial son la misma cosa?). Que la culpa era mía por haberme marchado antes. Que lo más probable era que tuviera una infección machaza. Que un antibiótico no hace magia, y que seguramente tendrían que drenar mediante cirujía. Como broche de oro donde demostró claramente que en la escuela de medicina debió suspender una media docena de veces la asignatura de psicología, añadió que además podía darme una trombosis.
En cuanto al médico del La Paz, se mostró sumamente empática, y mientras muy a regañadientes y presionada tanto por mí como por mis dos saineteras amigas me extendía la receta de una antibiótico, le dio por decir que por ser domingo es probable que hubiera dado con un colega estresado.
- Está claro que un colega estresado - le dijo Nieves con su mejor cara de no haber roto un plato-, debería pedirse una baja.
Vamos, que lo que había empezado siendo una aparente inflamación sin importancia en un diente infectado se deslizaba ostensiblemente hacia una trombosis. Todo vale para ellos cuando se trata de guardarse las espaldas entre sí.
Pero la culpa seguía siendo mía. Mía, por haber exigido que me pusieran un antibiótico y me sacaran una placa, que es lo que haría cualquier facultativo responsable. Mía, por haberme marchado indignada de uno de los hospitales más grandes de Madrid, con las manos vacías, dolorida, maltratada, subestimada como paciente por un matasanos que mejor debería irse al Congo y reaprender la ciencia médica sin insumos, valiéndose nada más que de un estetoscopio y unas cuantas hierbas.
Porque al fin y al cabo de qué sirven los insumos y tanta inauguración con cintitas de colores del último gran hospital de alta tecnología si quienes lo gestionan son unos negligentes. De qué sirven las máquinas si los humanos se comportan como robots y convergen todos en una ética de autodefensa que convierte la medicina es una mafia alienante donde el paciente, si se queja, es un caso psiquiátrico al se le dá lexatín porque seguramente se tratará de un ataque de ansiedad (no digo que todos, pero si hay médicos incapaces de tratar a un ser humano como tal, no me extraña que confundan una infección en la mandíbula con un ataque de ansiedad).
Me pasó a mí, y más de una vez. Me viene pasando desde hace años, y todo lo que pueda poner aquí, es poco. Esto es lo que tenemos. Y yo sigo con mi infección.

14 comentarios:

Vandalia dijo...

Pues espero que te mejores, guapa. Desde luego que entre esto y la movida con tu madre llevas una rachita con los médicos que vaya.

Te mando un beso muy fuerte y abrazote lleno de energía para que te pongas buena enseguida.

Pachacusi dijo...

Vaya...lo siento, espero que te mejores.
Un abrazo.

Miski dijo...

Cualquiera que haya tenido que pasar tiempo en hospitales o cuidando familiares crónicos sabe que este tema es una lotería...y como te toquen números muy malos, o sea, profesionales de pacotilla sin humanidad, puedes pagarlo hasta con la vida.
Espero que los antibióticos te curen rápido y estés bien pronto.
Un saludo.

Fata Morgana dijo...

Sí, Miski, tienes toda la razón. Lo que falla es lo humano; la infraestructura se queda pequeña cuando lo que hay son robots que van a currar por un sueldo de 3000 euros.

Pacha: bienvenida a Fata Morgana y espero que sigas "manifestándote" ;)

Vandi: es que cuando vienes de un trato muy distinto y de un sistema donde puedes elegir a los médicos por muy poco dinero, te sientes tratada como un estropajo...

En cuanto al flemón, por lo menos ya se me bajó del ojo. Ya veremos.
Besos a todos!

Jurema dijo...

Holaaa... Me alegro que vayas mejorando.

Si soy yo les monto un poyo que no veas! y luego me voy a denunciarlos al juzgado de guardia , eso no hubiera arreglado el tema pero les doy un mal rato.
Mímate un poco.
Las muelas y dientes están relacionados con la agresividad
Muerde un poco cuando toque, Anda!!!
Besitos

Fata Morgana dijo...

Jurema es que no puedo morder...
porque me dueleeeeeeeee...
y me parece que va lento, no veo mucha mejoría, pero tengo confianza en que irá mejorando.

Ya me entiendes...

Sampedrito para el 29, ya os contaré.
Besotes.

Analía dijo...

Opino como Jurema, que merece ser denunciado. Pero lo más importante es que vos estés bien.
A mi ese hospital, que lo conozco, me parece deprimente. La parte de urgencias está sin reformar y es asqueroso, casi te diría que tercermundista.
Y osotros que nos quejábamos del Moyano...
Muchos besos, Rox, y mimate mucho y cuidate :)

Fata Morgana dijo...

Tranqui, Ana, que ya voy mejorando :)
el asunto queda en manos de un buen dentista, al que tendré que pagarle, por supuesto.

BASTA DE COGER A CUALQUIERA PORQUE NO TIENEN PROFESIONALES. Los médicos españoles se largan a otro país porque allí les pagan 3 veces más que aquí, y aquí se queda lo peorcito... están todos "estresados" y quien lo paga es el paciente.

Conozco el caso de una médico militar argentina sin papeles que consiguió trabajo a los seis meses de llegar aquí... en la medicina pública. A la tía le aportaron 2 años sin haberse hecho los papeles, eso sí que es tener cuuuuuulo... ¿Error administrativo o desesperación?

La próxima vez que me pase JURO que me voy al juzgado.

Anónimo dijo...

A mí lo que más me pega es esto:

porque aquí SOLA ni caso que te hacen, hija...

es tal cual, eso... ES TAL CUAL. Y en esta sociedad puta, cruel, reventada, egoísta, cínica y usurera donde vivimos -que lo es, les guste o no a los
que están cómodos y por eso parece que nunca les pasara nada- quienes no van solos son los que ganan, porque claro, donde HAY TESTIGOS no podés putear a la gente...
al solo se le putea mejor...
al solo es fácil pegarle la etiquetita de "enfermo mental" o "ansioso"...
al solo...
¿pero quién no va a estar solo en esta sociedad DE MIERDA?
El inmigrante está solo, cojones, ¿desde cuándo tiene que estar acompañado por toda la familia y sus ancestros?¿Y qué pasa?¿Entonces por eso nos vamos a aprovechar de él todo lo que podamos?
Qué cobardía de mierda, por diossssssss...

Bueno, flaca, dirás que me voy de mambo. Pero alguien tenía que decirlo. Estoy ARCHIPODRIDO de ver que estas cosas pasan siempre con los que están solos en sus circunstancias...
La "lástima" es hipócrita, la "lástima" ni sirve, hay que ACTUAR. Que es lo que hicieron tus saineteras amigas.
Salud por ellas!
(y por vos, claro, que te lo vas bancando, pero no es justo).

CHIN CHU LIN

Fata Morgana dijo...

Chinchu...
:)
El colectivo de los solitarios se extiende a la especie humana...

1000 besitos por tu empatía.
Y un abrazo de osa.

Anónimo dijo...

Claro que se extiende a la especie humana, Fata, lo que no se extiende es mojarse ;(
Ajjjjjjjj...
a veces soy demasiado apasionado...

(mi mujer está encantada)
:p

CH-CH

Jurema dijo...

Holaaa...
Para el 29 ya estarás bien. Ya dirás Como te fue.
Suerte

Fata Morgana dijo...

Es que ya lo estoy, Jure...
¡y no hubo que drenar, que era lo que me temía!
ya os contaré. Besotes ;)

Fata Morgana dijo...

Pero hubo que quitar el diente. Luego fui a uno privado y me dijo que podía hacerse endodorcia. Claro, todo al módico precio de 300euros.

Los médicos son UNOS MAFIAS. Tanta ínfula que tienen, y se defienden entre ellos como miembros de una cofradía.
Cada vez estoy más harta de la prepotencia intelectual del neopositivismo y la "ciencia" de occidente. Ya la probé, ya fui amiga de ellos, ahora me dán ASCO.
Puagggggggggggg...
:+ :(