29.9.09

Soltar

Un anciano maestro Zen y dos discípulos caminan en silencio a lo largo de una vasta llanura. De pronto, llegan a un riachuelo. Sentada en una orilla se halla una hermosa muchacha que observa sonriente cómo se acercan los tres caminantes.
No hay que estar ciego para reconocer el atractivo que la joven ejerce en los dos discípulos que, en seguida, se percatan de la alegría que refleja su rostro y la radiante energía de su cuerpo.
-¿Quién de los dos jóvenes me tomaría para ayudarme a cruzar el río?- pregunta ella con frescura y cierta provocación.
Los dos discípulos se miran entre sí, y a continuación dirigen un gesto interrogante al maestro.
Éste mira con profundidad a cada uno de ellos, y no desvela palabra ni gesto alguno. Tras un largo y tenso minuto de contradicción y duda, uno de los discípulos avanza y tomando en los brazos a la muchacha, cruza el río entre caricias y pequeñas risas. Al llegar a la otra orilla, ella le da un cálido beso y se despide con ardor. Al momento, el joven dá media vuelta y se reintegra sonriente al grupo.
El rostro del otro discípulo que ha permanecido junto al sabio se muestra turbado, no cesando de proyectar interrogadoras miradas al impasible y silencioso anciano, que calla y tan solo observa.
Pasan las horas, mientras el grupo avanza silencioso entre montañas y valles, pero la mente y el corazón del discípulo que no ha cruzado el río siguen enganchados, obsesionados, por aquel acontecimiento del pasado. Al parecer no se siente capaz de romper su voto de silencio, como tampoco de librarse del deseo y del recuerdo que le encadenan.
Al anochecer, sus movimientos no parecen habituales, ya que se quema con el fuego que enciende, derrama el té de su cuenco, y además, tropieza con torpeza junto a la raíz de un árbol. Tras cada error y desatención, su mirada siempre encuentra el rostro impasible e impertérrito del anciano, que le observa sin juicios ni palabras.
De pronto la tensión llega a ser tan atormentadora que rompiendo un silencio de semanas, interpela al maestro furiosamente:
-¿Por qué no has reprendido a mi hermano que rompiendo las reglas de la sagrada sobriedad ha excitado el fuego de su sensualidad con la muchacha del río?¿Por qué?¿Por qué no le has dicho nada?¡No me digas que la respuesta está en mi interior, porque ya ni oigo, ni veo con claridad!¡Necesito entender!¡Dame una respuesta! - suplica iracundo.
Mirándole con una extraña mezcla de rigor y benevolencia, el anciano responde con serenidad:
- Tu hermano tomó a la mujer en una orilla y la dejó en la otra. Mientras que tú tomaste a la mujer en una orilla... y todavía no la has dejado.

Cuentos de sabiduría milenaria

25.9.09

Fata Morgana RE:

Recibo un e-mail de un tal Alfonso (podeis ver su entrada en el post Sí-mismo) donde, además de señalar muy intuitivamente que no he leído a Guenón, me acusa de ser una católica patética. Después de reirme un buen rato tuve la tentación de coger una foto de Benedicto y ponerla en este post, pero me pareció que no iba a quedar muy bien. Mejor la versión del Benedicto de Frances Bacon pensé después (craso error: he visto que era Inocencio y no Benedicto, aunque para el caso creo que hablamos de lo mismo: al fin y al cabo sobre piedras como ésas se edificó la Iglesia), pero no va con la línea gráfica del blog, así que tampoco lo pongo. :D
En respuesta a tu e-mail, Alfonso, entiendo que si me defines como una católica patética será porque has visto entre mis enlaces unos blogs donde si entras verás que se habla del maestro Jesús. De ahí tu confusión: parece ser que lo confundes con el Jesucristo de Rouco, pero te equivocas, ése era otro (y quizá Rouco ande tan errado como tú).
Pero bueno, sin querer entrar de lleno en este tipo de discusiones que lo único que hacen es crear discordia donde no puede haber motivo para ello, te diré que el Cristo no es un hombre, sino un estado de conciencia. El mismo al que se refería Ramana Maharshi, y el mismo al que se vienen refiriendo filósofos, místicos, ascetas e inclusive chamanes desde tiempos inmemoriales por haberlo buscado y/o experimentado no ya en sus carnes, sino en espíritu.
Quizá todo esto te suene como muy "new age", y está bien, es tu libertad que te suene como sea porque, mira, nisiquiera es mi problema. También es verdad que este blog es "un poco una ensalada sin pies ni cabeza", como tú mismo dices, supongo que en referencia a la línea un tanto ecléctica que sigue. A eso puedo decir que la intención del blog ha sido, desde el principio, de bitácora pura y dura, es decir: un diario de seguimiento para mi propia evolución. Un diario que me apetece compartir con gente que va por estos mismos derroteros. Y no, no he leído a Guenón, pero he leído a otros. No obstante, ¿puede una lectura sustituir un salto cuántico evolutivo?
En fin. Que me hizo gracia lo de católica patética, y quería agradecértelo, sabes, porque sabía que en algún momento me llegaría un e-mail de esa guisa. Casi te diría que lo esperaba. Y si me ha llegado es justamente por eso: porque lo esperaba. Tu e-mail me ha servido de espejo para contemplarme a mí-misma en el pasado, y me muestra el largo camino que me queda aún por recorrer. Tu juzgamiento es mi maestro hoy y sirve de espejo a la parte de mí que intenta poner un muro entre nosotros. Gracias a ti, hoy he descubierto que ya no me apetece mantener ese muro alzado. No sabes cuánta energía se pierde en el intento; pero si lo miras por el lado bueno, no sabes hasta qué punto podrías acabar siendo un ángel cuando hayas dejado ya tu pelaje de aparente fiera.
De ahí que importe muy poco si hemos leído a Guenón o no, y de ahí, también, que importe bien poco si soy o no soy una católica patética o una newager seguidora del capitán Ashtar y su tropa de ángeles celestiales, o un chitauri con tetas, o una devota del Cristo Cósmico de Los Pitufos.
Un saludo.
Fata Morgana

22.9.09

La sembradora

Necesito construir un sueño mínimamente respetable. Uno que sea lo bastante firme como para echar un respiro, y poder hincarme con una cierta paz sobre un cojín de terciopelo cosido con todas mis viejas lágrimas.
Fuera de Mí-misma, la contienda continúa. El ego se envalentona, patalea, me muestra la dentellada del miedo: "Eh!¿lo ves?¡estoy aquí!¡tengo el poder!¡lo tendré mientras sigas encarnada, soñando con cojines de santa!".
En el sitio donde nace la poesía (la residencia de los demonios en la casa de Dios) tengo un recuerdo de infancia: el rostro de Adán apuntando hacia el cielo, distraído quizá, en un ave, o en el arrobamiento de su propia contemplación. Asomado al oído, el diablo le susurraba sus tentaciones. Un tentempié para Adán antes de la manzana.
Le pregunté a mi padre:
-¿Quién es éste?
Estábamos en la cocina, mirando la ilustración. Él hizo un gesto de vuelo con las manos:
- ¡El Diábolo! -respondió, con expresión rapaz.
Luz de pasillo. Él se inclinaba sobre mi cama y me arropaba.
- Papá, ¿cuándo nació Dios?
Se rió atonito.
-¡Dios nunca nació!¡Siempre estuvo ahí!

Hago grandes esfuerzos por conservar el presente.
Una vez más, olvido que no es necesario hacer ningún esfuerzo. El presente no debería ser: es gozo absoluto. Este instante contiene la eternidad. Decido vivirlo apaciblemente, en el calor de mi hogar.
El viaje más largo y peligroso que existe se recorre sin haber movido un ápice; todo lo demás es escapismo. Es morder el anzuelo de la criatura oscura que se asoma al oído de Adán.

19.9.09

Mevlana


¿Por qué debo buscarlo? Soy el mismo, soy como Él.
Su esencia habla a través de mí:
¡me he estado buscando!
-Yalal-ad Din Muhammad Rumi, Mevlana

Éste ha sido el mayor y más valioso descubrimiento que he hecho en toda mi vida. Sabiendo esto, todos los demás ya vienen dados.

18.9.09

Reir

Hoy me río de mí misma de todo corazón.

15.9.09

Sí-mismo

El Sí-mismo no se alcanza. Si el Sí-mismo hubiera de ser alcanzado, eso significaría que no está aquí y ahora, que es algo todavía por obtener. Lo que de nuevo se obtiene, también se perderá, es decir que será impermanente. Por aquello que no es permanente no vale la pena esforzarse. Por eso digo que el Sí-mismo no s e alcanza. Tú eres el Sí-mismo; eres ya Eso.
El hecho es que estás en ignorancia de tu estado de bienaventuranza. La ignorancia sobreviene y tiende un velo sobre esa pureza del Sí-mismo que es la Bienaventuranza. Los intentos sólo se dirigen a quitar ese velo de ignorancia que no es más que conocimiento erróneo. El conocimiento erróneo es la falsa identificación del Sí-mismo con el cuerpo, la mente, etc. Esta falsa identificación debe desaparecer, entonces sólo quedará el Sí-mismo.
Por consiguiente, la Realización es para todos; la Realización no establece diferencias entre los aspirantes. La duda misma de si podrás realizar, y la idea misma de "no he realizado" son, en si mismas, los obstáculos. Libérate también de esos obstáculos.

- Ramana Maharshi

11.9.09

Reflejo

Sí, realmente eres mi Reflejo.
Sólo que a veces, es tan difícil no perderme en el azogue...