29.4.09

Eficacia

El pesimista se queja del viento.
El optimista espera que cambie.
El realista ajusta las velas.

-Guillen George Ward

27.4.09

Alimento


El ego es como el trozo de carne que le tiras al perro cuando está hambriento. Yo he tenido mi trozo hace días. Pero después sigue habiendo hambre.
Va siendo importante saber dónde hallar el verdadero alimento.

24.4.09

Contraste

Era el verano del año 2000. Estaba sentada en una playa a orillas del lago Nahuel Huapí, en la única isla que hay en el mundo con un bosque de arrayanes propio. Si alguien ha visto ese lago, sabrá lo que es: no es que abunden azules tan profundos y tan puros. Al otro lado del lago, inmensa, se levantaba la cordillera de los Andes. Entre pico y pico, un volcán. Uno solo. No recuerdo haber visto una naturaleza más perfecta que ésa. Tampoco recuerdo haber experimentado una soledad, una ajenidad más brutal.


La primavera de 2009. Estoy sentada en una playa pequeña, pequeñísima, a orillas de un río en la Pedriza, sierra de Madrid -en Argentina no sería más que un chorrito, un riachuelo- a la sombra de un bosquecillo de chopos igual a cualquier otro bosque de chopos. El salto del agua sobre las rocas se vuelve sordo, hipnótico, entrañable.
Pocas veces me he sentido tan acompañada.

23.4.09

Libertad


Si hubiera sabido que el precio de ser yo misma era tan alto, ¿me hubiera mojado para encontrarme? Quizá no.
He tenido que caminar sobre las brasas, y todavía estoy a años luz. He querido ser víctima de otros; sin embargo, con las vueltas de la vida he comprendido que el único victimario era mi ego... ¡qué decepción!
¡Y también, qué alivio!
Las estrellas siguen brillando ahí arriba.

Bendigo mi libertad.

22.4.09

El bicho humano


Los bichos en general no me disgustan, pero me caen mejor los seres de mi especie, sobre todo los seres de mi especie tratados como bichos.
-Félix Grande.

19.4.09

Una de Fricke

El fundador y alma mater del grupo alemán Popol Vuh -allá por los '70- nunca se dejó seducir. O quizá sí, por el bueno de Werner Herzog (tampoco era tonto) quien lo secuestraría y adoptaría para componer las B.S.O de algunas de sus temperamentales películas. A mí me sigue fascinando su magia. Me hace pensar en búhos, en nang-champa, en plantas sagradas y, por qué no, también en fuegos.
Vamos, que yo a veces me conectaría las 24 horas del día a Hosianna-Mantra, y con electrodos..., ¡ops! -perdón-, me he pasado.
Con vosotros: Popol Vuh...

Manada

Llevo prácticamente una vida buscando a mi familia. Mi familia genética sólo era el vehículo para llegar hasta aquí; el resto puede imaginarse. ¿Tiene sentido amar a quienes me veían como un apéndice de otras personas? Soy la menor de todos ellos, nadie esperaba mi llegada. Y como nunca me he sentido uno de ellos, echo de menos no poder echarles de menos.
Soy la hija pródiga de una familia que todavía está al llegar. Pero a ellos sí que les echo de menos. Ya es hora de unirme a la manada.

16.4.09

Paradoja

Sólo hay dos sentimientos: el miedo y el amor.
¿Por qué hemos elegido el miedo, y no el amor, para construir lo que tenemos? ¿Por qué el miedo parece tan real, y el Amor tan inalcanzable?
¿Será porque somos demasiado pequeñitos, y el Amor es demasiado grande?
El Amor me deslumbra, y tanto... que a veces siento miedo.

No, people, no cry...

9.4.09

Acerca de la sombra II

¿Cómo puedes encontrar a un león que te ha devorado? La sombra es, por definición, inconsciente, y por consiguiente, no siempre es posible saber si estamos sometidos o no al dominio de alguno de los contenidos de nuestra sombra. (…) Uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo conciente la oscuridad, un procedimiento, no obstante, trabajoso, y por tanto, impopular.
-Carl Jung

Photo/post: La gitana durmiente, del Aduanero Rosseau; hoy rebautizada como Yadwiga descansa tras reconciliarse con su sombra.

8.4.09

El Ojo de Horus

Cuando hablamos de espiritualidad, a nadie se le ocurriría pensar que una civilización tan antigua como la egipcia pudiera disponer de un centro de alta tecnología espiritual. Os dejo este vídeo, la segunda parte de una serie de seis, donde se relata algo que pudo suceder hace nada menos que 20.000 años. Viéndolo, se me ocurre una pregunta: no digo que dentro de tanto tiempo, sino tan sólo dentro de 1000 años... ¿seremos capaces de sobrevivirnos como para poder contar nuestro pasado, con sus consiguientes "logros" tecnológicos de animales solitarios conectados a sus máquinas?


Si quereis ver el resto basta con seguirle la pista a éste en youtube. Que lo disfruteis.

6.4.09

No es ningún delito


La noche del 25 de marzo tuve un sueño extraordinario. Me veía en una gran sala de una casa vacía, enteramente blanca y completamente iluminada por el sol. Lo único que había allí era una gran “manga” -llamémosla así- como de hule que, suspendida en el aire y atravesando la sala de punta a punta, hacía las veces de “intestino”. Si bien se trataba de mi propio intestino grueso -o una réplica de éste-, tenía el aspecto de una larguísima guirnalda blanca, brillante e impoluta. Recuerdo haberme preguntado qué hacía yo allí, por qué creía haber sido despojada de mi instestino, y en ese caso, por qué no sentía ningún dolor.
Fue cuando apareció Tina Lindhard, que iba vestida de blanco y había venido para realizar algún trabajo de sanación. Tina y yo nos conocemos desde hace algunos años; ella es instructora de meditación arkadhyana, una mujer singular. Por alguna razón, supe que estaba allí para drenarme. Es decir, para drenar el instestino de hule, haciendo pasar a través de él una manga algo más estrecha, que fuera “barriendo” toda impureza de su interior. Algo que me pareció a todas luces innecesario ya que el intestino estaba vacío, y al menos en apariencia, no había nada que limpiar. Algo que en la vida real podría resultar además en extremo doloroso y que, insisto, a mí no me producía ningún dolor.
Lo siguiente que recuerdo es haber salido de aquella casa. El sol brillaba en lo alto, era pleno mediodía. Marché por la acera rumbo a una tienda, no siendo yo, porque tanto mi aspecto físico como mi estado de ánimo habían cambiado de forma significativa. Mi manera de andar no era la de un ser humano: ya no era un ser humano. Si bien tenía una forma antropomorfa, mi estructura física había sufrido algunas alteraciones. Para empezar, era mucho más ligera, mis brazos más cortos, y mis piernas, más que andar pesadamente, caminaban deslizándose a ras del suelo. Lo curioso es que andaba con mucha rapidez, como ciertas mujeres orientales -las geishas-, llevando las manos juntas en posición Namasté, con las puntas de los dedos hundidas bajo el mentón.
Sin embargo, no era ninguna geisha. Me miré a mí misma y ví que llevaba una larga túnica color morado, de tela pesada pero fina. Me vi desde otro espacio que no puedo determinar, siendo una criatura calva de piel grisácea, rasgos humanoides, y asexuada. Sentía la luz del sol en las partes descubiertas de mi cuerpo, y una paz que no recuerdo haber experimentado nunca. El ser que era yo en ese momento no tenía el más mínimo asomo de maldad. Era puro.
Al llegar al final de calle, noté que Tina estaba en la tienda sacando fotocopias. Evidentemente, la mujer impartía un curso, y yo había ido en su busca para pedirle una (he estado en muchos de sus cursos, sin embargo nunca me he sentido una extraterrestre).
Entonces, de repente, se hizo noche completa. Ya no era esa calle, y ya no era esa tienda, y era probable que Tina no hubiera estado ahí jamás. He estado en el campo docenas de veces -aquí, fuera de aquí, y en distintos lugares de Argentina-, pero nunca he visto y sé que no veré nunca, un cielo como ése. Millones y millones de millones de estrellas, una junto a la otra, de distintas magnitudes y colores, en movimiento, en espiral, estrellas fugaces, grupos de estrellas, estrellas danzantes. Al este, un puñado de estrellas desbocadas y enormes destacaban sobre el resto formando una constelación dialogante. Era como si el cielo tuviera una cremallera y se hubiera abierto para mí, como si debajo de cualquier cielo estrellado, anodino, hubiera un mundo repleto de vida dialogante con todas las especies del universo. Más que cielo, aquello parecía una celebración. Algo se celebraba ahí arriba; no sé qué sería, pero algo se celebraba, fijo.
En cualquier caso no importaba, porque yo me sentía en paz, y parte de ello. Etérea. Parte de las estrellas, en otro estado, siendo testigo de algo así como una revelación. Un secreto. Algo que ha estado ahí desde siempre... con la cremallera cerrada.
En algún momento me dí la vuelta y observé que a mis espaldas había gran cantidad de gente mirando en la misma dirección. Sin embargo, no miraban hacia el cielo, sino a la tierra. Al fondo de la noche, a la altura de la tierra, estaba oscuro. Entonces alguien chilló: “¡La policía!¡Que viene la policía!”, y todo el mundo empezó a correr. Yo también miré, pero no vi a nadie. Sin embargo, estaba sola, y sentí miedo, y empecé a correr también.
Salté una valla a través de la noche, y las estrellas desaparecieron.
Trataré de recordarlo para la próxima vez: por mucho que griten que viene la policía, intentaré quedarme donde estaba. No es ningún delito hablar con las estrellas.