31.8.09

El oponente

No recuerdo quién decía que la mejor manera de neutralizar al narcisista es ignorándole. Luego otro decía que se requiere más valor para callar que para replicar. Esto va en contra de las teorías revolucionarias de toda la vida. De hecho, es la última de las revoluciones. Algo que el narcisista confunde con la cobardía, y en los casos más extremos, con haberse salido con la suya. Con haber dejado al oponente "sin palabra", es decir, sin disfraz. Que es todo lo que el narcisista conoce de si mismo.

27.8.09

Madre ayawaska

Porque hasta la ceniza se vuelve agua cuando un sediento la besa.
Para escuchar el audio completo, pinchad aquí.

Gracias, Otorongo. Bendiciones también para ti.

25.8.09

Paz, solamente


Ahora que has llegado ante un abismo de 10.000 pies...¡dá un paso adelante!

Me han conducido hasta aquí desde lo más profundo del infierno.
Me he conducido hasta aquí desde el centro más ocuro de mi corazón (flor de loto quemada, asfixiada por la culpa, mustia). Pero ahora comprendo.
Desde la demencia, desde el horror de una noche sin luz. Desde la expiación y la espiación de soledades y suicidios ajenos (también el propio, dolorosamente sobrevivido). Desde el caos y la ebriedad de las malas vidas y los buenos vinos. Desde el escepticismo amargo cocido a fuego lento en el amor y el desamor. Desde la ironía aprendida en la trinchera peleona de los diablos urbanos,
ésta es una plegaria silenciosa. Con carcajada atónita, ahogada, igualmente silenciosa.

Ahora: paz, solamente.

24.8.09

Ho'oponopono

Hace dos años, escuché hablar de un terapeuta en Hawaii quien curó un pabellón completo de enfermos mentales con historial criminal sin siquiera ver a ninguno de ellos. El psicólogo estudiaba la ficha del recluso y luego miraba dentro de sí mismo para ver cómo él había creado la enfermedad de esa persona. En la medida en que él mejoraba, el paciente se mejoraba. La primera vez que escuché hablar de esta historia, pensé que era una leyenda urbana. ¿Cómo podía cualquiera curar a otro con sólo curarse a sí mismo? ¿Cómo podía aunque fuera el maestro de mayor poder de auto curación curar a un enfermo mental criminal? No tenía ningún sentido, no era lógico, de modo que descarté esta historia. Sin embargo, la escuché nuevamente un año después.
Escuché que el terapeuta había usado un proceso de sanación Hawaiano llamado oponopono. Nunca había oído hablar de ello sin embargo no podía sacarlo de mi mente. Si la historia era totalmente cierta, yo tenía que saber más. Siempre había entendido que "total responsabilidad" significaba que yo soy responsable de lo que pienso y hago. Lo que esté más allá, está fuera de mis manos. Pienso que la mayor parte de la gente piensa igual sobre la responsabilidad. Somos responsables de lo que hacemos, no de lo que los otros hacen, pero eso está equivocado.
El terapeuta hawaiano que sanó a esas personas mentalmente enfermas me enseñaría una nueva perspectiva avanzada sobre lo que es la total responsabilidad. Su nombre es Dr. Ihaleakala Hew Len. Probablemente hayamos pasado una hora hablando en nuestra primer conversación telefónica. Le pedí que me contara la historia completa de su trabajo como terapeuta.
Él explicó que había trabajado en el Hospital Estatal de Hawai durante cuatro años. El pabellón donde encerraban a los locos criminales era peligroso. Por regla general los psicólogos renunciaban al mes de trabajar allí. La mayor parte de los miembros del personal de allí, caían enfermos o simplemente renunciaban. La gente que atravesaba ese pabellón simplemente caminaba con sus espaldas contra la pared, temerosos de ser atacados por sus pacientes. No era un lugar placentero para vivir, ni para trabajar ni para visitar.
El Dr. Len me dijo que el nunca vio a los pacientes. Firmó un acuerdo de tener una oficina y revisar sus legajos. Mientras miraba esos legajos, el trabajaría sobre sí mismo. Mientras él trabajaba sobre sí mismo, los pacientes comenzaban a curarse .
Luego de unos pocos meses, a los pacientes que debían estar encadenados se les permitía caminar libremente, me dijo. Otros que tenían que estar fuertemente medicados, comenzaban a mermar su medicación. Y aquellos que no tenían jamás, ninguna posibilidad de ser liberados, fueron dados de alta.
Yo estaba asombrado. No solamente eso, continuó, sino que el personal comenzó a gozar yendo a trabajar. El ausentismo y los cambios de personal desaparecieron. Terminamos con mas personal del que necesitábamos porque los pacientes eran liberados y todo el personal venía a trabajar. Hoy ese pabellón está cerrado.
Aquí es donde yo tuve que hacer la pregunta del millón de dólares:
- ¿Qué estuvo haciendo usted con usted mismo que ocasionó que esas personas cambiaran?
- Yo simplemente estaba sanando la parte de mi que los había creado a ellos, dijo él.
Yo no entendí. El Dr. Len explico que entendía que la total responsabilidad de tu vida implica a todo lo que está en tu vida, simplemente porque está en tu vida, y por ello es tu responsabilidad. En un sentido literal, todo el mundo es tu creación.
Esto es duro de tragar. Ser responsable por lo que yo hago o digo es una cosa. Ser responsable por lo que cualquiera que esté en mi vida hace o dice es otra muy distinta. Sin embargo la verdad es ésta: si asumes completa responsabilidad por tu vida, entonces todo lo que ves, escuchas, saboreas, tocas o experimentas de cualquier forma es tu responsabilidad porque está en tu vida. Esto significa que la actividad terrorista, el presidente, la economía o cualquier cosa que experimentas y no te gusta, esta allí para que tu la sanes . Ello no existe, por decirlo así, excepto como proyecciones que salen de tu interior. El problema no está con ellos, esta en ti, y para cambiarlo, debes cambiar tú.
Sé que esto es difícil de captar, mucho menos de aceptar o de vivirlo realmente. Achacar a otro la culpa es mucho más fácil que asumir la total responsabilidad, pero mientras hablaba con el Dr. Len, comencé a comprender esa sanación de él y que el ho'oponopono significa amarte a ti mismo. Si deseas mejorar tu vida, debes sanar tu vida. Si deseas curar a cualquiera, aun a un criminal mentalmente enfermo, lo haces curándote tú mismo.
Le pregunté al Dr. Len como se curaba a sí mismo. Qué era lo que él hacía exactamente cuando miraba los legajos de esos pacientes.
- Yo simplemente permanecía diciendo 'Lo siento' y 'Te amo', una y otra vez- explico él.
- ¿Sólo eso?
- Sólo eso.
Resulta que amarte a ti mismo es la mejor forma de mejorarte a ti mismo, y mientras tú te mejoras a ti mismo, mejoras tu mundo.
Más tarde asistí a un taller de ho'oponopono dirigido por el Dr. Len. El tiene ahora 70 años de edad, es considerado un chamán abuelo y es algo solitario. Él alabo mi libro "El Factor Atractivo". Me dijo que mientras yo me mejoro a mi mismo, la vibración de mi libro aumentará y todos lo sentirán cuando lo lean. En resumen, a medida que yo me mejoro, mis lectores mejorarán.
-¿Y qué pasará con los libros que ya he vendido y han salido de mí?- pregunté.
-Ellos no han salido - explico él, una vez mas soplando mi mente con su sabiduría mística -. Ellos aún están dentro de ti.
En resumen, no hay afuera . Me llevaría un libro entero explicar esta técnica avanzada con la profundidad que ella merece. Basta decir que cuando quiera que desees mejorar cualquier cosa en tu vida, hay sólo un lugar adonde buscar: dentro de ti. Cuando mires, hazlo con amor .
Joe Vitale

8.8.09

Plegaria II


Tengo serias razones para tener miedo.
Sin embargo
te abrazo, cielo de humo
te abrazo, tierra adoptiva
te abrazo, tarde de verano
te abrazo, amigo perdido
te abrazo, amigo peregrino
te abrazo, noche que tarda en caer
te abrazo, plenilunio
te abrazo, gentío
te abrazo, honorable desconocido
te abrazo, Creación

a Ti me abrazo.

3.8.09

El secreto

Encuentra un espíritu que aúne la lucidez y la ternura, y camina junto a él.
-Platón.

Photo/post: Gregory Colbert.

2.8.09

Aún no somos humanos

Entrevista con Eudald Carbonell, aquí. Sus opiniones mueven a debate.

1.8.09

Celdillas

Veo que todo el mundo está muy cómodo en su celdilla.
Todo tan “organizadito” en Europa, todo tan medido, tan controlado, tan metido dentro de celdillas, en compartimientos estancos, como las abejas. Todo tan espiado, tan aparentemente seguro, tan “protegido”. Falta que se te metan con un radar en el baño y que te pongan unos electrodos en las cuerdas vocales para ver si cantas bien en la ducha o desafinas, y así te lo pasarán por Hacienda.
Siguiendo la ética yanqui de que cuanto más pagas, mejor es el producto -inclusive el espiritual, que hay mucho producto espiritual de alto precio para gente espiritualmente pudiente-, la estupidez humana en materia de valores no tiene parangón. Así educan a sus hijos, a quienes sólo ven treinta días al año, ya que el resto se lo pasan en guarderías criados por gente sin vocación que en la mayoría de los casos va a por la plaza fija. Toda una generación de gremlins agobiados por la falta de amor, que en su defecto será sustituido por objetos y caprichos de toda índole, un grandullón, una grandullona, que pasados los años le dirá a alguien que no puede comprometerse en ninguna relación porque "me siento agobiado" (¡por el amor!, menuda paradoja, que a la vez es de una lógica aplastante si se toma en cuenta su historial).
Pero no es esta lógica aplastante lo que me fastidia, sino que haya gente capaz de compartirla. Gente que se ocupe de prolongarla con su consentimiento. Gente verdaderamente mezquina que a la hora de intentar una relación de cualquier índole -pareja, amistad, lo que sea- se lo piense tanto antes, que a la hora de tomar una decisión ya no haya nada que decidir (normal: cuando uno piensa mucho, siente poco). Si invito a cenar a Fulanito tendré que decirle que se quede a dormir, porque no tiene coche. Uy, qué putada. Hoy no tengo las mejores sábanas, no voy a ponerle esa cutrería que me regaló mi tía la del pueblo. Mejor que no venga.
Una amiga que acaba de llegar del continente piel roja me decía en un e-mail: Ehhhh qué serios estamos…¿por qué no se ríen?¡Una sonrisa, por favor! Y claro. Ha notado la falta de espontaneidad. Esa blandura que se tiene por ciertas latitudes y que hace, entre otras cosas, que un grupo de personas no tenga miedo de compartir una infusión y beber todos del mismo recipiente (cuidado con las gripes A, B, C, D y Z, que para eso están entre otras cosas: limpieza étnica y, de paso, seguimos extendiendo el miedo al contacto).
¿Cómo puede hablarse de amor en un continente donde se ha perdido la confianza en el vecino? Desde luego que hay gente que rezuma amor por los cuatro costados -la hay aquí, allá y en todas partes, de no ser así ya estaría muerta- y es de ellos, justamente, que he aprendido que el amor ni se verbaliza ni se teoriza: sucede. Cuando por justificar la teoría de la Unificación nos empeñamos en hablar de amores pequeños (humanos) y amores grandes (divinos) a mí me dá en la espina que caemos nuevamente en el error de separar-y no hay mayor paradoja que ésta-, ya que tal dualidad no existe: el amor humano, y entre humanos, es el más bello reflejo del Amor.
¿Dónde está, pues, la diferencia?
Cada vez me gusta más aquella vieja fábula lakota que habla de las cuatro razas. Muy sabiamente, los lakota decían que la raza blanca iba a ocuparse del mundo mental, que la negra se ocuparía del mundo físico, que la amarilla lo haría con el mundo espiritual y que la roja iba a ocuparse del mundo emocional. Ellos creían que esas cuatro razas eran necesarias para conseguir el equilibrio del humano completo, y dar el gran salto hacia la integración en una raza única.
Algo de eso está pasando, aunque sigue siendo una pena que la raza blanca, con su soberbia de siempre y su aparente “desarrollo” basado en los bienes de naturaleza económica, el status y otro puñado de valores abortables, pretenda insistir en un modelo ético que ya está para el desguace. Gente anestesiada en lo emocional, verdaderos parapléjicos de los sentimientos, prolijamente instalados en su celdilla, empujando fuera al vecino -con la ayuda de la administración-, e ignorando que el precio de esa supuesta seguridad era la pérdida de su libertad.
Como dijera un famoso rockero en cierta canción que en su momento pasaría despercibida: La verdad cubierta de seguridad. No debe ser fácil mirar debajo de la alfombra.
No me preocupan tanto los deterministas del viejo modelo como los espiritualistas del nuevo. Hay cosas que siguen sin cerrarme. Demasiadas contradicciones, demasiadas paradojas. Mucha gente confundiendo la teoría del “espacio personal” y la desidia, con la teoría orientalista del “desapego”.
Hace un tiempo le contaba a una persona de aquí las veces que he tenido que pasarme los fines de año sola. Ello parece ser normal en este continente que sólo contiene a sus hijos, rechazando en muchas más ocasiones de las que se admite, y de manera subrepticia e hipócrita, a los que son “de fuera”, o a los que siendo "de dentro" no pasan por el aro. Como decía en otro post hace tiempo: no me fastidia tanto la segregación (en sus múltiples formas de: machismo, clasismo, xenofobia, racismo, etc) sino que no se admita, porque en el ocultamiento está el orígen de esa coyuntura, con su consiguiente perversión y aplicación.
Así pues, veo que todo el mundo está muy cómodo en su celdilla. Son muchos siglos de lucha para que, llegado el momento y habiéndolo conseguido, venga alguien a quitar o inducir.
Bendita sea la santidad del intercambio, e inclusive el tráfico de esclavos. Benditos los traficantes de todos los puertos, los gobernantes de todos los secarrales del mundo, parásitos de nuestros vergeles. No hemos de olvidar la única y verdadera ley del mundo: la energía no se crea ni se destruye, sino que se transforma. Hay quienes olvidan que en las celdillas también hay miel.