29.9.08

Las cartas boca arriba

Quiero rendirle homenaje a la oscuridad. A la otra cara de la radiante luz que absorbe las tinieblas. Al rostro difuso de lo que puede ser posible, y a veces no es. A la aurora que se ahoga en lo que es. Al tsunami que explota hacia abajo, y habiendo llegado al fondo, se empina como par y nunca como sombra.

Quiero rendirle homenaje a la tan mentada muerte y a sus hijos menores. A la Luna, guardiana del final de la noche. Al tan mentado diablo bebedor de absenta que mora en las retículas de la conciencia -también de la inconciencia. A lo que enturbia y luciferiza, iluminando. Al filo de la navaja, al aguijón de los poetas, al que tienta y reta.

Hay que tener valor para reptar entre las sombras, sabiendo que al final del camino hallarás la rendija. Por eso jamás me he reído ni he despreciado a los que viven en la acequia; y nunca lo haré. De no haber bajado hasta allí... ¡cuántas cosas me hubiera perdido, cuánta poesía, cuánto ángel sin luz, cuánta sabiduría! Ahora les despido con todo mi respeto.

Habrá quien no lo entienda, pero a mí no me importa. Porque hay una verdad que yo he aprendido, y es que no baja quien quiere o quien puede, sino a quien le toca. No hay peligro en la oscuridad: el peligro está en no poder salir. O en quedarse sin haber intentado la huída. O en quedarse sin haber pillado la fruta. Y, lo que es aún peor y no tiene remedio: en dejarse pillar el alma creyendo que es la única ruta.

Pero habiendo atisbado las dos mitades de este gran Universo, ya no hay motivo para la queja: cuando las cartas están todas boca arriba, ser libre es sólo el comienzo.

26.9.08

Polvo estelar

¿Quién dijo que 1+1 son 2? También pueden ser 3...

18.9.08

Inefable I

Siento una gran paz y una gran tristeza. Nunca había sentido algo así. Extraña plenitud de la luz y la oscuridad, que se entrecruzan y me atraviesan de punta a punta, en una trama perfecta compuesta de algo innombrable ante lo cual sólo puedo contemplar y callar, muda de perplejidad. Me acompaña Chopín, una y otra vez. Es el recuerdo de algo, de un viejo sentimiento que había quedado sepultado en lo más profundo de mi memoria. Es la certeza de algo. Bendigo este momento. Y el que fue.

16.9.08

Vacío

Estoy realmente triste. Y es porque sé que hoy no hay nada que pueda rellenar las ausencias.


Photo/post: Cris Aqcua

15.9.08

Alonso del Río

No creo que exista un solo vocablo en ninguna lengua que pueda describir lo que es la vida, pero si tuviera que escoger uno, eligiría la palabra paradoja. Por donde la miremos, la vida es una paradoja. Es paradójico que tengamos que empezar hablando de la unidad cuando es justamente la conclusión final del entendimiento y la meta de todos nuestros esfuerzos. ¿Cómo empezar a explicar lo que tal vez sólo se puede comprender cuando se termina de entender?¿Cómo explicar lo sagrado de las cosas que quiero decir cuando la dimensión de lo sagrado es tal vez tan sólo una semilla en tu interior?¿No es paradójico que cuando recién empiezas a disfrutar y entender el misterio de la vida sobre este planeta ya tengas que partir?,¿que el más grande maestro de la vida se llame error?,¿que no puedas retroceder la película y hacer las cosas bien desde el principio?¿Por qué duele tanto conocer el verdadero amor? Tengo una larga lista de preguntas y me imagino que cada uno tendrá la suya, pero la única respuesta que encaja en todas es: bendita paradoja.
-Alonso del Río

Hace poco le escribí al maestro cusqueño Alonso del Río para agradecerle la luz que me ha brindado la lectura de su libro Tawantisuyo 5.0. Me honra haber recibido un e-mail en respuesta, donde pone lo siguiente:

Querida R, no te imaginas la alegría que me dá tu comentario y saber que realmente te llegó el mensaje. No me molesta que lo cites, me llena de alegría, es más, he renunciado a todo derecho de autor pero el dinero me sirve para ayudar a financiar una pequeña escuela gratuita que tenemos en el Cusco. Sé que nunca será un exito editorial pues es demasiado sincero, pero sólo pretende llegar a gente como tú que ya tienen el poder de atraer cosas buenas, cosas reales. Te lo digo con toda sinceridad, ayúdame en lo que puedas a difundirlo, porque en este momento es medicina para este mundo. Y estamos peleando una gran batalla entre la luz y la oscuridad. Recibe todo mi amor y mucha fuerza, gracias otra vez.
-Alonso

Gracias a tí, Alonso, y esperamos tenerte por España muy pronto.

11.9.08

Llegar

Me lancé tambaleando por el sendero que conducía a la casa. Como no encontraba las chanclas, y mi mente no acababa de aclararse, decidí ir descalza. Bueno, en realidad no lo decidí. Como un animal que no sabe hablar pero siente en su vejiga el pinchazo de la necesidad, más bien me resigné a los hechos. No era una gran distancia, apenas unos cien metros (quizá menos), algo que de día y en condiciones normales se recorren en cuestión de minutos. Pero era noche completa y yo no estaba en condiciones normales. Todavía afectada por los últimos estertores de la waska, la tierra me sostenía y a la vez se expandía a mi alrededor.
No había hecho ni veinte pasos cuando me entró un miedo de muerte: ¿qué hacía yo allí, sola y de pie en medio del campo a las tres de la mañana? Entonces intenté retroceder, pero al darme la vuelta vi que la fogata había desaparecido. Al parecer no había otra alternativa que seguir el rastro del sendero hacia la casa, cuya mole oscura me daba tanto miedo como las sombras, y las sombras tanto miedo como mi soledad.
Mientras caminaba hacia la casa, me acordé de Ulises, rey de Ítaca. Y las sombras se rieron de mí: ¿Qué pensabas?¿Que el viaje ha terminado? Recién empieza, ciertamente.
Así que continué. Cuando no hay alternativa y cuando lo único claro o medianamente claro que tienes es una mole oscura, hay que continuar. Sabes que a cada paso que dás corres el riesgo de tropezar con una piedra y romperte una pierna o los dientes, pero sabes también que tienes cinco sentidos, y quizá más, a los que realmente sometes a escrutinio en situaciones, digamos, que de supervivencia. El resto del tiempo, y aunque creas conocerles como a la palma de tu mano, te sirves de extensiones. Olvidas que brazos y manos sirven, por ejemplo, para guiarte en la oscuridad y no sólo para golpetear sobre un teclado o cogerte de un pasamanos en el Metro. Que los oídos están para algo más que para oir la taladradora hidráulica de Gallardón, o el olfato para distinguir el jamón de bellota del que venden en el Eroski. Por ejemplo. Que por ejemplo, el oído puede advertirte del arrastrar de una serpiente en medio de la oscuridad, y el olfato, entre otras cosas, puede servir también para saborear los intensos aromas del campo antes del amanecer. Que, llegado el caso y valiéndose de la alianza con los otros cuatro, la vista se adapta tan bien a la luz como a la oscuridad. Para todo eso sirven los sentidos, cuando se han acabado las extensiones. Interesante.
El suelo pinchaba un poco, pero a mí me interesaba más llegar a la casa. Andar me serviría para despejarme. Para dejar de sentir que las sombras me observaban. Recuerdo que durante el trayecto, que entonces se me antojó larguísmo, mi único pensamiento era llegar, tengo que llegar. De haberla visto, no hubiera tenido sentido volver a la fogata; yo tenía que llegar. Sabía cómo: andando, sólo que andar me resultaba dificilísimo. Casi diría que iba agazapada, dando pasos torpes, afirmando bien mis pies en la tierra para no caer, como debieron hacerlo los primeros homínidos cuando notaron que podían sostenerse erguidos sin sus manos. O como un bebé que se lanza a caminar por primera vez.
Por favor, condúceme.
Suerte que llegaran ellos, porque ya he dicho que mi mente no acababa de aclararse. Pero llegaron, y además de erguirme y empezar a caminar naturalmente, pude llegar a la casa no sin dificultades aunque sí con éxito, y sin haber tropezado en ningún momento. Una vez dentro, subí las escaleras, fui al baño, tomé un bocadillo de sandía y me tumbé en el sofá. Como las luces del salón estaban encendidas, me quedé un buen rato contemplando un póster de Shiva colgado en la pared. Perpleja.
¿Dónde estaban ellos?
¿Quiénes eran?
¿Qué eran?
Salí de la casa para dirigirme al bloque donde dormíamos los visitantes. En la oscuridad de la noche tropecé con Rosa, que andaba tan confundida como yo. Ni recuerdo lo que me dijo, todo lo que yo quería era cambiarme, limpiarme y acostarme en una cama. Así que empujé la puerta, bajé al rellano aún en construcción -lleno de piedras y completamente a oscuras-, repté escaleras arriba, encendí la luz y me metí en mi habitación.
Así me encontró Jota una media hora después:
- ¿Qué haces?¿Estás bien? - me preguntó bastante sorprendido.
- Sí, estupendamente.
- Pero… ¿cómo has llegado? ¡Y vas descalza!¿No te has hecho daño?
- No… ¡qué va!
Me pareció que estaba extrañado.
- Pero… ¿has venido sola?
No… ¡qué va!
Ahora que lo recuerdo, y que ya no tengo la cabeza hecha un lío, que no estoy meada y sí, en cambio, recién duchada y sentada delante de una pantalla escribiendo este post, tengo la plena certeza de que esa noche ellos me ayudaron a llegar a la casa. Que el trayecto entre la fogata y la casa fue parte de mi nacimiento, y que si volví a nacer, fue hacia atrás. Es una verdad como un templo.

El Penedés, 11-12 de agosto de 2008.

2.9.08

Puentes

En China, durante la dinastía T'ang, había un maestro Zen llamado Chao-chou. Para llegar a su templo era necesario cruzar el que después se conocería como puente de Chao-chou. En cierta ocasión, un monje le preguntó: "¿Cuál es tu puente?" Desde luego, no se refería al puente que conducía al templo, sino a la práctica del dharma. Chao-chou contestó: "Ayudar a cruzar tanto a los burros como a los caballos".
Un puente no sólo permite que lo crucen los burros, sino también animales más valiosos como los caballos. Un puente no distingue entre amigos y enemigos, o entre sabios y seres ordinarios. Ayuda a pasar a todos incondicionalmente. Les permite pasar sin tener en cuenta la actitud que tengan hacia él. Muy poca gente lo cruza con gratitud. Chao-chou deseaba de una manera desinteresada que todos cruzasen de Esta Orilla de la ilusión, a la Otra Orilla de la iluminación. Su práctica, idéntica a la de un gran bodisatva, estaba espléndidamente simbolizada por un puente.

Shundo Aoyama